Cuántas veces ha salido a la palestra la dichosa pregunta. Este año más con el cambio de planes de estudio, pero siempre acechando el criterio de utilidad, el pragmatismo simplón, la rentabilidad y el éxito profesional. En una sociedad líquida, como señalaba Zygmunt Bauman, aquello que se percibe como pesado, sólido, intangible, fuera del circuito de oferta y demanda, parece relegado al subsuelo de la historia, a rincones polvorientos solo aptos para eruditos o ermitaños.
No liquidaré más tiempo de esta corta vida tratando de convencer a los inquisidores de las bondades de la filosofía u otros saberes libres de ataduras. Únicamente quería aprovechar la ocasión para brindar por aquellas chavalas y chavales que, pudiendo elegir, optaron por cursar esta denostada materia en su último curso de bachillerato y, al final, realizar la prueba correspondiente de EVAU. En nuestro centro, de los 11 alumnos matriculados en Historia de la Filosofía, el 80% de ellos se lanzaron a la piscina en busca de una nota suficiente para sus estudios superiores, y los resultados fueron bastante satisfactorios, con una media de casi 8 puntos, lo que les garantizaba un extra en el grueso de su nota. Esto no sería más que una anécdota si estuviéramos hablando de cualquier otra materia, pero, en este caso que viene siendo infravalorada por los responsables de fijar itinerarios educativos, que se ha dicho de ella que era un saber desfasado, inservible, condenado a perderse junto a las lenguas clásicas, la música u otras materias ajenas al emblema del emprendimiento, creo que merece ser puesto en valor. Sin ir más lejos, hace unos días salía publicada esta noticia en la web de la cadena ser:
https://cadenaser.com/nacional/2022/06/17/prefiero-la-felicidad-al-exito-seguro-la-mejor-nota-ebau-de-madrid-estudiara-filologia-clasica-cadena-ser/
En ella se entrevista al joven que sacó la nota más alta en EVAU en la Comunidad de Madrid, que, contra todo pronóstico y consejo orientador profesional, decía mirar hacía otro lado y querer estudiar Filología clásica porque lo más importante para él era la felicidad, la vocación, y no el éxito seguro. Aún quedan soñadores y fabricantes de sueños, aún quedan preguntas sin respuesta y quienes seguirán dudando por mucho que les digan "esto es así y punto", aún habrá un lugar en el que nos paremos a pensar, a discutir y a escuchar, porque las cosas más importantes en esta vida no son precisamente las que se resuelven en una hoja de cálculo, ni en la oficina de cualquier empresa con altos dividendos. Y de eso es de lo que trata ese saber para el cual siempre estamos buscando una justificación.
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