Sin novedad en el frente: el absurdo de la guerra

 Uno de los últimos estrenos en la plataforma Netflix es este crudo alegato antibelicista basado en el libro de Erich María Remarque. Película alemana que relata la terrible experiencia de un joven soldado durante la I Guerra Mundial. Lo que empieza siendo motivo de orgullo patrio, acaba como tienen que acabar este tipo de cosas, en pesadilla. El autor de la novela lo vivió en sus propias carnes y así lo relató, sin artificios ni poética, a pie de trinchera, paralizado por el miedo. Y así lo recrea el director de la cinta, Edward Berger, con un realismo fiero y humano a la vez, con el solo propósito de mostrar lo que hay detrás de cada conflicto armado: la miseria de quienes se los inventan. Cuenta cómo manipulaban a los jóvenes alemanes y cómo apelaban a la defensa de la patria y sus pilares sociales y culturales para alentarlos a tomar las armas, algo que no ha dejado de ocurrir en otros escenarios y en otros tiempos.



La película está magníficamente rodada, con unos planos secuencia en las trincheras y campo a través que recuerdan a obras maestras como Senderos de gloria y 1917. Es dura de ver, se sufre, pero así debe ser. Y por otro lado, detrás de la sangre, del dolor, del ruido metálico de los tanques, hay belleza, está la luz poderosa de lo humano, de la esperanza que anida precisamente en el corazón de esos mártires que fueron utilizados por las bestias de la guerra. Hay paisajes desolados, pero también hermosos. Hay rostros cubiertos de barro y sangre seca, pero también gestos de amor, de amistad, de consuelo. Lo que de ninguna manera hay es heroísmo, porque en la guerra no hay héroes, solo víctimas.

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