FUE LA MANO DE DIOS. CRÍTICA DE CINE

 Para los netflixianos, aquí os dejo un humilde comentario en torno a la última película de Paolo Sorrentino, Fue la mano de dios, disponible en dicha plataforma desde el pasado mes de diciembre.


Quien haya visto cintas anteriores de este director italiano puede que fuera un poco reticente a la hora de dedicar más de dos horas de su vida a otro ejercicio depurado de estilo cinematográfico. Lo digo, porque fue lo que me pasó a mí. Sólo había tenido la ocasión de deleitarme con aquella La gran belleza (2013), y realmente me pareció una buena película, pero eso, como ha ocurrido algunas veces con Almodóvar, más que historia, fotografía, más que acción, retrato, más que flujo de emociones en base a unos acontecimientos que se suceden, erupción hiperbólica casi porque sí. 


El caso es que, al final me entregué al capricho napolitano de Sorrentino. Y merece la pena. Aquí sí hay una historia hilvanada con hebras de drama y comedia, además de un tratamiento excelente de la imagen marca de la casa. Se aprecian toques autobiográficos, pues cuenta la vida de un joven en el Nápoles de los años 80 que acaba apostando por dedicarse al mundo del cine. Junto a Fabietto, su singular familia, que seguro te hará reír en más de una ocasión. Y, como reza el mismo nombre de la cinta, la llegada del astro argentino al equipo de la liga italiana, un acontecimiento que marca de alguna forma a todos. La primera parte de la película es una maravilla que recuerda a Amarcord de Fellini, chispeante, audaz, graciosa. La segunda quizá pierde un poco de fuerza, pero también es cierto que la deriva dramática no deja tanto espacio al esperpento, salvando la antológica escena con la condesa. 

En resumen, si les gusta el buen cine, hecho con delicadeza y con ingenio, si quieren revivir con nostalgia la década de los 80 desde un prisma actual y si quieren descubrir las bondades del mejor cine italiano, entren en Netflix y busquen Fue la mano de dios.


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